NUESTRA TELEVISIÓN PASA DE LOS NIÑOS

 

 

            Han tenido que ser los padres de familia del Norte los primeros en desmarcarse del rebaño europeo, diciendo a las claras que “la televisión es un poderoso medio que debe dar buen ejemplo y no repartir basura que induce a ciertos sentimientos inadecuados”. Porque esto es lo que acaban de manifestar, forzadas por esos padres de familia, las Cadenas públicas de Dinamarca, Noruega y Suecia, al ponerse de acuerdo para no participar en la fantochada del Festival de Eurovisión Junior y a organizar por su cuenta otro verdaderamente infantil.

            El motivo de su rechazo es de puro sentido común. A la vista de las dos ediciones ya celebradas, los daneses, los noruegos y los suecos piensan que esas fiestas televisivas de la canción infantil constituyen un descarado comercio de los mayores y “un insulto contra la protección de menores y una explotación de la infancia” (más claro, agua), porque ni las canciones son de los niños, ni los intérpretes se comportan como niños, ni el lenguaje y los modales son de niños, ni el montaje es para una audiencia infantil, sino todo lo contrario. Cosas todas que deberían ser imperdonables, en concursos de ese tipo, para cualquier Televisión pública, privada o mediopensionista.

            Esperamos que esta misma sensibilidad de las familias nórdicas llegue también a nuestro cálido país, donde la protección a la infancia parece reducirse a una insoportable palabrería llena de tópicos, a la introducción de policías en las escuelas y a la estúpida desantirazación de las familias como primeras educadoras de derecho natural, mientras la Televisión tanto la pública, que pagamos todos, como la independiente, no se cansa de ofrecer programas para adultos (todos comerciales, por supuesto) en las franjas horarias que según las leyes deberían quedar reservadas para niños de cuatro a quince años.

            Nos quejamos de que el excesivo consumo de televisión de los niños españoles produce carencias de atención, comportamientos violentos, rendimientos mediocres en la escuela e incluso problemas de obesidad, pero luego pasamos olímpicamente del reiterado incumplimiento de la directiva europea de Televisión Sin Fronteras a todos los niveles (y empezando por nuestro propio Gobierno), especialmente en todo lo que afecta a la protección del menor. Claro que, si como acaban de denunciar los padres de familia nórdicos, hasta Europa, con toda su fachada de cartón-piedra, empieza a comportarse como negocio “a lo Marbella”, mejor que nos organicemos por nuestra cuenta, igual que los escandinavos.    

            Ya es penoso que apenas exista programación televisiva infantil, que se prescinda en el buen sentido del extraordinario medio de la Televisión como instrumento de formación humana, cultural y social, colaborando con la familia y con la escuela; pero que, encima de darnos todo lo contrario, droguen a nuestros hijos con hueca palabrería, les traten a todas horas como adultos, les hablen sólo de derechos y les pongan todo fácil sin más autoridad que el capricho y el gusto, nos parece demasiado peligroso. A no ser que el valor supremo sea el de la política, con los políticos como ejemplares únicos y los ciudadanos como rebaño. ¿Sería mucho pedir que los adultos nos detuviésemos un rato a pensar en la inmadurez e irresponsabilidad que se nos vienen encima si dejamos correr lo que estamos viendo como si no fuese con nosotros? …

            Los padres de familia daneses, noruegos y suecos acaban de dar ejemplo de lo que hay que hacer con la Televisión, parando los pies, sin el menor reparo, a la mismísima Eurovisión. Y la dedicatoria va dirigida a los eurodiputados que dicen “representarnos” sin la Constitución aprobada.